La disparatada historia de cómo Keith Richards aspiró a su padre sin querer (o tal vez no)
Si existe un ser humano en el planeta Tierra cuya capacidad de supervivencia desafía todas las leyes conocidas de la biología y la medicina, ese es Keith Richards. El legendario guitarrista de The Rolling Stones ha sobrevivido a caídas de cocoteros, incendios de mansiones y décadas de excesos que habrían noqueado a una manada de elefantes.
Sin embargo, en el año 2007, Keith decidió regalarle al mundo una de las confesiones más bizarras, cómicas e inolvidables en la historia de la cultura popular.

La surrealista anécdota de cuando Keith Richards aspiró a su padre
Todo comenzó tras la muerte de su padre, Bert Richards, en 2002. Fiel a sus sentimientos, Keith decidió rendirle un respetuoso y poético homenaje: plantar un majestuoso árbol de roble en su propiedad y esparcir la mayor parte de las cenizas de Bert alrededor de las raíces para que nutrieran al árbol.
El plan sonaba sumamente solemne… hasta que la física y la torpeza se interpusieron. Al retirar la tapa de la urna, una ráfaga traicionera de viento hizo de las suyas y un fino polvo gris terminó depositándose sobre la brillante mesa de caoba del jardín.
Ahí estaba Keith, parado en medio del patio, mirando a su difunto padre repartido en una fina capa sobre la madera. Cualquier persona normal habría buscado un cepillo o una franela suave para recoger las cenizas con decoro. Pero estamos hablando de Keith Richards.
Un tributo improvisado y muy poco convencional
«No podía simplemente pasarle un trapo o la aspiradora. ¡Era mi viejo!», explicaría tiempo después el músico. Así que, guiado por una lógica que solo tiene sentido en el universo de The Rolling Stones, Keith buscó una pajilla, eliminó los restos con un rápido movimiento de nariz y completó el ritual familiar más extraño de la historia.
En palabras del propio Keith: «Se deslizó sin problemas, sin químicos. Él no habría tenido ningún problema, le daba igual. Las cenizas se fundieron con las mías».

¿Confesión real, broma de prensa o puro folklore del rock?
Cuando la historia llegó a las páginas de la revista británica NME y fue replicada por medios como The Guardian, los mánagers de la banda intentaron sofocar el incendio mediático asegurando que todo había sido una «broma del día de los inocentes».
Sin embargo, años más tarde, en su aclamada autobiografía Life (2010), Richards aclaró la verdad con su característico sentido del humor: admitió que la historia era 100% cierta, aunque con un pequeño matiz; no había sido un atracón voluntario de cocaína como la prensa sensacionalista sugirió al principio, sino un accidente de jardinería resuelto de la forma más roquera posible.
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Al final del día, Bert Richards no solo tuvo un árbol de roble en su honor, sino que logró el pase de abordar más exclusivo de la historia: formar parte del torrente sanguíneo del mismísimo Keith Richards.
