Música de los 90: la década en que todo empezó a mezclarse

En 1999, cuando el CD todavía era uno de los formatos centrales de la industria, Napster comenzó a permitir el intercambio de archivos MP3 entre usuarios y la RIAA presentó una demanda contra el servicio ese mismo año.

Los 90: la década en que la música se multiplicó

Yo entré a los años noventa por Los Beatles.

En aquella época escuchaba el Club de Beatles de Universal Stereo y era un verdadero beatlemaniaco. Mientras la música de mi generación empezaba a tomar caminos que todavía no alcanzaba a imaginar, yo seguía fascinado con cuatro tipos de Liverpool que habían decidido, entre otras cosas, que una banda de rock podía cambiar de piel tantas veces como quisiera.

Los Beatles eran mi puerta de entrada.

Pero los años noventa tenían preparada una colección bastante más amplia de puertas.

Recuerdo que uno de mis primeros CDs fue Crazy World, de Scorpions. Lo compré, naturalmente, por “Wind of Change”. También recuerdo Queen: Grandes Éxitos II, aunque aquí la razón era bastante menos alegre: la muerte de Freddie Mercury había convertido a Queen en una presencia imposible de ignorar.

No estoy completamente seguro de cuál de los dos llegó primero.

Pero sí recuerdo la sensación.

El CD ya no parecía solamente una manera de escuchar música. Era tener la música.

Y mientras yo comenzaba a descubrirla de esa manera, el mundo estaba a punto de cambiar las reglas del juego.

Yo todavía no lo sabía, pero los 90 iban a ser una década bastante rara

Si hoy intento recordar qué sonaban los años noventa, mi memoria hace una cosa curiosa.

Me pone a Los Beatles.

Después a Scorpions.

Después a Queen.

Luego aparece MTV.

Y de pronto Nirvana.

Después Iron Maiden.

Helloween.

Y en México, Luis Miguel, Timbiriche y todo un universo musical que no tenía demasiado interés en preguntarle permiso a Seattle, Londres o Los Ángeles.

Durante mucho tiempo pensé que quizá mi memoria era simplemente caótica.

Pero cuando uno revisa lo que realmente ocurrió en los 90, descubre algo bastante tranquilizador:

la década era caótica.

No hubo un sonido que pudiera sentarse en el trono durante diez años.

El grunge explotó. El hip-hop creció hasta convertirse en una fuerza cultural central. El R&B alcanzó una enorme sofisticación comercial. El britpop recuperó la tradición británica de las guitarras. La electrónica salió de los clubes. El punk volvió a colarse en las listas. El pop adolescente preparó una nueva generación de estrellas. Y la música latina empezó a encontrar caminos cada vez más grandes hacia el público internacional.

Los 90 no tenían una banda sonora.

Tenían demasiadas.

Y eso, creo, fue precisamente lo extraordinario.

Una computadora de finales de los 90 simboliza la llegada del MP3 y el intercambio de música por Internet.

Entonces apareció Nirvana

Para muchos jóvenes de aquella época, Nirvana fue una especie de terremoto.

Nevermind apareció en 1991 y convirtió una escena que hasta entonces parecía relativamente periférica en uno de los centros de la música popular. Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains ayudaron a construir aquella nueva geografía del rock.

De repente, las guitarras podían sonar menos pulidas.

Los cantantes podían aparecer despeinados.

Los videoclips podían parecer menos interesados en venderte una fantasía perfecta.

Y una camisa de franela podía convertirse en declaración estética.

El grunge no inventó el rock alternativo, pero sí consiguió algo importantísimo: lo llevó al centro de la conversación popular.

Y aquí es donde mi historia personal empieza a tener gracia.

Porque yo estaba descubriendo Nirvana…

…y al mismo tiempo estaba descubriendo Iron Maiden y Helloween.

Es decir, mientras una parte del mundo estaba diciendo:

“El futuro es Nirvana.”

Yo estaba pensando:

“Un momento… ¿y esta banda que toca a toda velocidad qué es?”

Aquello me enseñó algo que tardaría años en comprender.

La música popular no funciona como una sustitución ordenada.

Un género no desaparece porque otro se ponga de moda.

Las escenas se acumulan.

Mientras una generación descubre algo nuevo, otra sigue escuchando lo que ama y una tercera está descubriendo algo completamente diferente.

Los 90 fueron especialmente buenos para eso: La revolución del grunge según el Rock & Roll Hall of Fame.

Y mientras el rock se peleaba consigo mismo, el hip-hop estaba creciendo

Si miramos la década únicamente desde las guitarras, nos perdemos una de sus transformaciones más importantes.

El hip-hop dejó de ser una corriente que la industria podía tratar como una moda y se convirtió en una de las grandes lenguas culturales de la década.

Tupac Shakur, The Notorious B.I.G., Dr. Dre, Snoop Dogg, Nas, Wu-Tang Clan, A Tribe Called Quest, OutKast y muchos otros desarrollaron escenas, estilos y discursos diferentes.

No era un solo rap.

Había Costa Este, Costa Oeste, gangsta rap, G-funk, hip-hop alternativo, fusiones con soul y R&B…

Y el R&B, por su parte, estaba viviendo una transformación enorme.

Mariah Carey, Whitney Houston, Boyz II Men, TLC, Toni Braxton, Mary J. Blige y, hacia el final de la década, Lauryn Hill, mostraban que las fronteras entre soul, pop, hip-hop y R&B podían volverse bastante borrosas.

La música negra estadounidense no estaba simplemente produciendo éxitos.

Estaba desarrollando nuevos lenguajes para hacerlos.

Entonces los británicos decidieron contestar

Y aquí aparecieron Oasis, Blur, Pulp y toda aquella batalla que terminaría siendo conocida como britpop.

Después de años en los que buena parte del rock alternativo internacional parecía mirar hacia Estados Unidos, Gran Bretaña volvió a decir:

“Nosotros también tenemos algo que decir.”

El britpop recuperó melodías, guitarras y referencias de la tradición británica de los 60 y 70, pero las convirtió en música de una nueva generación.

Y de repente había otra conversación.

Nirvana tenía Seattle.

Oasis tenía Manchester y la tradición británica.

El hip-hop tenía Nueva York, Los Ángeles y muchas otras ciudades construyendo sus propias identidades.

La electrónica tenía clubes, raves y escenas que no necesitaban parecerse al rock.

Los 90 empezaban a parecer menos una década y más un montón de décadas ocurriendo simultáneamente.

Escena editorial que representa la diversidad musical y la transición tecnológica de los años 90.

MTV era el lugar donde todas esas tribus podían encontrarse

Aquí sí regreso a mi memoria.

Porque para quienes vivimos aquella época, MTV no era simplemente un canal.

Era una especie de ventana.

Podías entrar por un videoclip y salir por otro género completamente diferente.

Y entonces apareció MTV Unplugged.

La idea parecía sencilla: quitar parte de la maquinaria eléctrica y dejar que las canciones respiraran.

Pero el resultado fue mucho más importante.

Nirvana hizo uno de los episodios más recordados de la serie. Eric Clapton convirtió su participación en un enorme éxito. Incluso artistas de generaciones anteriores podían aparecer bajo una nueva luz. Durante los 90, Unplugged se convirtió en una pieza importante de la cultura musical.

A mí aquello me fascinaba porque había algo casi contradictorio.

En una época que estaba llenándose de tecnología, amplificadores y producción cada vez más sofisticada, uno de los formatos musicales más poderosos consistía en sentarse con unas guitarras y tocar.

Quizá por eso funcionó tan bien.

La década quería ir hacia el futuro, pero de vez en cuando necesitaba apagar los amplificadores para recordar de dónde venía.

Y entonces estaba México

Porque aquí aparece otro problema de contar los 90 únicamente desde Estados Unidos y Reino Unido.

No eran mis 90.

Mis 90 también tenían a Luis Miguel.

Timbiriche formaba parte del paisaje musical que conocíamos en México. Y alrededor de ellos convivían el pop, la música romántica, el rock mexicano, la música regional y una enorme variedad de sonidos latinoamericanos.

Luis Miguel, de hecho, hizo algo particularmente interesante.

En 1991 publicó Romance, un álbum construido alrededor de boleros. En lugar de perseguir exclusivamente la música contemporánea, tomó canciones de otra generación y las volvió a colocar frente a un público joven.

Eso también era parte de la historia de los 90:

mirar hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo.

Mientras Nirvana estaba rompiendo con determinadas convenciones del rock, Luis Miguel estaba recuperando una tradición mucho más antigua.

Y ambos podían convertirse en fenómenos masivos.

El rock latino tampoco estaba esperando a que alguien lo descubriera

En México y Latinoamérica estaban ocurriendo muchas cosas.

Caifanes, Café Tacvba, Maná, La Maldita Vecindad, Fobia, Los Fabulosos Cadillacs, Aterciopelados, Molotov, Control Machete y muchas otras bandas estaban construyendo escenas propias.

No se trataba simplemente de hacer una versión latinoamericana del rock estadounidense o británico.

Había que decidir qué ocurría cuando el rock se encontraba con música mexicana, ritmos latinoamericanos, tradiciones locales, poesía urbana y problemas propios.

Y eso produjo algo mucho más interesante que una simple copia.

Produjo identidad.

Mientras yo descubría a Iron Maiden y Helloween, había una enorme cantidad de jóvenes latinoamericanos descubriendo que el rock también podía hablar con su propio acento.

Pero todavía faltaba otra revolución

Durante buena parte de la década, yo podía pensar que el cambio más importante estaba ocurriendo en los géneros.

Quizá era Nirvana.

Quizá era el hip-hop.

Quizá era la electrónica.

Quizá era el pop.

Pero había algo que estaba cambiando por debajo de todo aquello.

La tecnología.

La electrónica ya estaba demostrando que una computadora podía formar parte del proceso creativo.

House y techno crecieron internacionalmente y aparecieron nuevas variantes como drum and bass, rave, trip-hop y otras formas de música electrónica. La producción basada en samplers y herramientas digitales abrió posibilidades que antes eran mucho más difíciles o costosas.

Y eso significaba que la tecnología no solamente estaba cambiando cómo escuchábamos música.

También estaba cambiando cómo podía hacerse.

Pero todavía no habíamos llegado al verdadero terremoto.

Al final de los 90, la música empezó a convertirse en archivo

Aquí aparece uno de los detalles más fascinantes de la década.

Yo había comenzado hablándote de mi primer CD.

Y resulta que el CD estaba a punto de enfrentarse a algo que, en aquel momento, todavía parecía bastante extraño:

un archivo de computadora.

En 1999 apareció Napster.

La idea era brutalmente sencilla: usuarios compartiendo archivos MP3 directamente entre ellos.

De pronto, una canción podía dejar de estar atada a un disco.

No necesitabas tener el álbum completo.

No necesitabas ir a la tienda.

No necesitabas siquiera conocer a alguien que tuviera el disco.

La canción podía viajar.

Y la industria discográfica entendió rápidamente que aquello no era un pequeño juguete tecnológico. Era una amenaza para el modelo sobre el que había construido buena parte de su negocio.

La batalla legal continuaría durante los años siguientes, pero la pregunta ya estaba sobre la mesa: ¿qué ocurre cuando la música deja de ser un objeto y se convierte en información?

Todavía faltaban Spotify, YouTube, los teléfonos inteligentes y las plataformas de streaming.

Pero la puerta ya estaba abierta.

Y justo cuando parecía que no cabían más cosas en la década, llegó Latinoamérica

Aquí es donde los 90 tienen uno de sus finales más interesantes.

En febrero de 1999, Ricky Martin apareció en los Grammy interpretando “La Copa de la Vida”, la canción oficial del Mundial de Francia 1998.

Fue un momento enorme.

La actuación ayudó a colocar la música latina en el centro del escenario estadounidense y se convirtió en uno de los acontecimientos que marcaron la llamada “Latin Explosion”. Poco después, el álbum en inglés de Martin debutaría en el número uno del Billboard 200.

Y no estaba solo.

Shakira grabó su MTV Unplugged en 1999. El programa fue el primero de la serie transmitido completamente en español y se convirtió en un punto de inflexión importante para su entrada al mercado estadounidense.

De repente, la idea de que un artista latino necesitara abandonar completamente su identidad para alcanzar una audiencia internacional empezaba a quedarse vieja.

El mapa estaba cambiando.

Y el mapa ya no tenía por qué estar dibujado solamente en inglés.

Entonces entendí algo sobre los 90

Durante mucho tiempo pensé que los 90 habían sido la década de Nirvana.

Después pensé que habían sido la década del grunge.

Luego descubrí el hip-hop, el R&B, el britpop, la electrónica, el pop adolescente, el rock latino…

Y finalmente entendí que estaba intentando encontrar una respuesta que los 90 nunca quisieron darme.

No había un sonido de los 90.

Había muchos.

Y eso quizá fue su mayor logro.

La década permitió que escenas que antes podían permanecer relativamente separadas empezaran a compartir televisión, radio, listas, festivales y audiencias.

El rock alternativo llegó al mainstream.

El hip-hop se convirtió en una fuerza cultural central.

La electrónica pasó de los clubes a públicos mucho más amplios.

El R&B alcanzó una nueva sofisticación.

El pop adolescente preparó el terreno para la siguiente generación de superestrellas.

El rock latino consolidó su propia identidad.

La música latina comenzó a cruzar fronteras con una fuerza nueva.

Y mientras todo eso sucedía, Internet estaba preparando una revolución todavía mayor.

Yo entré a los 90 escuchando a Los Beatles

Los Beatles no habían desaparecido.

Queen tampoco.

Scorpions tampoco.

Iron Maiden tampoco.

Helloween tampoco.

Y eso es quizá lo más bonito de mirar una década con distancia.

La historia de la música no funciona como una fila donde uno entra y otro sale.

Las canciones viejas siguen ahí.

Las nuevas llegan.

Los géneros se mezclan.

Los públicos se separan.

Algunos artistas desaparecen de las listas y siguen siendo fundamentales para quienes los descubrieron.

Otros aparecen de pronto y parecen cambiarlo todo.

Yo empecé aquella década escuchando un programa de radio dedicado a una banda de los sesenta.

La atravesé descubriendo nuevas bandas, comprando CDs, viendo MTV y encontrando géneros que ni siquiera sabía que existían.

Y cuando la década estaba terminando, la música ya estaba empezando a convertirse en otra cosa.

Primero había sido un disco.

Después un CD.

Ahora podía ser un archivo.

Y aquello apenas estaba comenzando.

Los 90 no fueron la década en que la música encontró un nuevo sonido.

Fueron la década en que descubrimos que ya no necesitaba uno solo.

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“Los 90 no tuvieron una banda sonora única. Tuvieron una colección de bandas sonoras que competían por tu reproductor de CD.”

Experiencia: 😲 Sorprendente

Formato de Consumo: Historia completa

Intención Principal: Evolución

Objeto Principal: Género

Tiempo de lectura: 7 minutos

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Ilustración comparativa de Nirvana, Tupac Shakur y Mariah Carey como representantes de distintos sonidos de los años 90.

Nivel de controversia: 🔴 Alto – Debate intenso

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