La disparatada historia de la venganza del automóvil de David Bowie: ¡La persecución más absurda del rock!
A mediados de la década de 1970, David Bowie decidió huir de la paranoia y los excesos de Los Ángeles para instalarse en el Berlín Occidental de la Guerra Fría. Acompañado por su inseparable amigo Iggy Pop, el camaleón del rock buscaba una vida más tranquila, libre de reflectores y Dealers abusivos.
Sin embargo, tranquilizarse no significaba perder el sentido del drama. Y cuando un camaleón herido decide cobrar una afrenta, el resultado puede parecer salido de una comedia de acción de bajo presupuesto.

La venganza del automóvil de David Bowie y el choque más absurdo de Berlín
Todo comenzó cuando Bowie se convenció de que su distribuidor local de sustancias lo había estafado con la calidad y la cantidad de su pedido. Lleno de indignación ruidosa, subió a su viejo y desgastado Mercedes descapotable —comprado a medias con Iggy— y salió a patrullar la célebre avenida Kurfürstendamm.
Para su suerte (o desgracia), divisó el auto del Dealer aparcado a pocos metros. En lugar de encararlo pacíficamente, David pisó el acelerador a fondo y embistió la parte trasera del vehículo. Luego dio marcha atrás y volvió a estrellarse. Una y otra vez, durante cinco minutos seguidos de puro espectáculo callejero ante la mirada atónita de los peatones alemanes.
Iggy Pop, aferrado al asiento del copiloto entre la risa descontrolada y el pánico absoluto, no podía creer lo que estaba presenciando.
«¡Soy Kirk Douglas!»: El clímax cinematográfico que salió mal
Poseído por el espíritu del cine clásico de Hollywood, Bowie miró a Iggy y exclamó triunfal: «¡Esto es tan Kirk Douglas en esa película donde suelta el volante!». Acto seguido, en un gesto de máxima teatralidad, soltó los brazos y dejó el volante a la deriva para que el destino tomara las riendas.
Pero el destino tiene un sentido del humor bastante ácido. Justo en el segundo exacto en que soltó el control para lograr la toma más épica de su vida, el viejo Mercedes tosió dos veces y se quedó completamente sin gasolina, deteniéndose a solo centímetros del otro auto.

De la tragedia al estudio de grabación
Con el motor muerto y el Dealer mirando confundido desde su ventana, la furia de Bowie se evaporó instantáneamente. Rompió a llorar de frustración exclamando «¡Esta es la historia de mi vida!», para luego estallar en una carcajada colectiva junto a Iggy Pop mientras empujaban el auto hacia la acera.
Años después, la disparatada anécdota fue confirmada en entrevistas recopiladas por medios como Uncut, sirviendo además de inspiración directa para la melancólica e icónica canción «Always Crashing in the Same Car», incluida en su monumental álbum Low (1977).
Si te apasionan estas divertidas locuras del backstage, explora nuestros debates sobre los momentos más insólitos del rock. Y si crees conocer todos los secretos del dueto Bowie-Iggy, pon a prueba tus conocimientos con nuestras trivias sobre David Bowie y la trilogía de Berlín.
Al final, el intento de ajuste de cuentas fracasó por falta de combustible, pero le regala al rock and roll una de las escenas de comedia involuntaria más inolvidables de todos los tiempos.
