Música de los años 70: la década que rompió las reglas y multiplicó los sonidos

En una misma década en la que el disco conquistaba las pistas de baile, el punk rechazaba el exceso del rock de estadio y en el Bronx DJ Kool Herc desarrollaba técnicas que ayudarían a dar forma al hip hop.

Los años 70 comenzaron todavía con la sombra de los grandes cambios culturales de los sesenta, pero terminaron dejando un panorama musical completamente distinto. El rock seguía llenando estadios, pero ya no era el único protagonista. En las pistas de baile crecía el disco; el funk llevaba el ritmo al centro de la canción; el reggae salía de Jamaica; el punk comenzaba a rechazar la grandilocuencia del rock; la música electrónica encontraba nuevas herramientas y, en el Bronx neoyorquino, una cultura naciente estaba convirtiendo discos existentes en materia prima para crear algo nuevo.

La música de los años 70 fue, sobre todo, una década de fragmentación.

Y eso no significó que la música se hiciera más pequeña. Ocurrió exactamente lo contrario.

¿Qué estaba pasando con la música de los años 70?

La industria musical había aprendido durante los sesenta que la juventud podía convertirse en un enorme mercado. En los setenta, esa idea se volvió todavía más sofisticada.

Los discos de larga duración ganaron importancia, mientras la radio FM impulsaba formatos orientados al álbum y al rock. Las grandes producciones podían disponer de cada vez más canales de grabación: las máquinas de 16 pistas y, poco después, las de 24 pistas permitieron separar instrumentos y voces con una precisión que transformó el trabajo dentro del estudio.

La música también se volvió más portátil.

El casete, que había sido desarrollado años antes, mejoró considerablemente durante la década. Los reproductores y sistemas para automóvil ayudaron a convertir la cinta en una alternativa cada vez más práctica al vinilo. A finales de los setenta, incluso aparecieron sistemas de grabación multipista domésticos que anticipaban una transformación enorme: que un músico pudiera comenzar a producir sus propias canciones sin depender completamente de un gran estudio.

Mientras tanto, la televisión, las revistas musicales, las estaciones de radio y las giras convertían a los artistas en personajes culturales.

El músico ya no necesitaba pertenecer a un único mundo.

Podía ser estrella de estadio, ídolo de discoteca, figura underground o héroe de una escena local.

Y ahí comenzó la verdadera explosión.

Los protagonistas: demasiadas estrellas para un solo escenario

Si los sesenta habían tenido a The Beatles y The Rolling Stones como gigantes culturales, los setenta repartieron el protagonismo.

David Bowie convirtió la transformación de su propia identidad artística en una herramienta creativa. Led Zeppelin llevó el hard rock a dimensiones monumentales. Pink Floyd convirtió el álbum conceptual y la experimentación de estudio en experiencias masivas.

Pero mientras algunos artistas construían espectáculos cada vez mayores, otros buscaban precisamente lo contrario.

Patti Smith, Television y los Ramones ayudaron a convertir pequeños escenarios de Nueva York en laboratorios para una nueva actitud musical. En Londres, los Sex Pistols y The Clash llevarían el punk hacia otra dimensión.

En la pista de baile, Donna Summer, Chic, Gloria Gaynor y los Bee Gees ayudaron a convertir el disco en uno de los fenómenos populares más grandes de la segunda mitad de la década. Chic, por ejemplo, desarrolló un sonido basado en el trabajo de Nile Rodgers y Bernard Edwards que seguiría influyendo en generaciones posteriores.

En Jamaica, Bob Marley & The Wailers llevaron el reggae a una audiencia internacional.

Y en Alemania, grupos como Kraftwerk demostraban que una canción podía empezar a parecerse cada vez menos a una banda de rock tradicional y cada vez más a una máquina musical.

La curiosidad destacada: el futuro empezó a sonar electrónico

Una de las cosas más interesantes de los setenta es que muchas tecnologías que hoy parecen normales todavía resultaban extraordinarias.

Los sintetizadores se hicieron cada vez más sofisticados. Los vocoders, los efectos, las máquinas de cinta y los sistemas multipista ampliaron las posibilidades del estudio. A finales de la década comenzaron incluso a aparecer instrumentos digitales más avanzados, como el Synclavier, presentado en 1977.

La consecuencia fue importante:

el estudio dejó de ser solamente el lugar donde una banda registraba lo que tocaba.

Comenzó a convertirse en un instrumento.

Una canción podía construirse por capas, modificar sonidos, repetir fragmentos, experimentar con efectos y retrasar decisiones de mezcla hasta etapas mucho más avanzadas de la producción.

La música grabada empezaba a tener una vida propia.

“Estudio de grabación de los años 70 con consola analógica, cinta multipista y sintetizadores.”

El evento notable: una fiesta en el Bronx cambió la historia

El 11 de agosto de 1973, Cindy Campbell organizó una fiesta de regreso a clases en el área común de su edificio en el Bronx. Su hermano, Clive Campbell —conocido como DJ Kool Herc— estuvo a cargo de la música.

Herc había observado algo sencillo pero decisivo: los bailarines reaccionaban especialmente bien a las partes instrumentales de determinadas canciones.

En lugar de dejar que esos fragmentos terminaran, comenzó a prolongarlos utilizando dos copias del mismo disco y dos tornamesas. Su técnica, posteriormente conocida como “merry-go-round”, permitía extender los breaks y mantener a los bailarines en movimiento.

Aquella fiesta no creó de la nada el hip hop.

Sus raíces estaban en prácticas anteriores de la música jamaicana, el funk, el soul, las fiestas comunitarias y otras tradiciones. Pero aquel momento se convirtió en uno de los puntos de referencia fundamentales de una cultura que posteriormente incorporaría DJing, MCing, breaking y graffiti.

Lo extraordinario es que el futuro de una nueva música no empezó necesariamente con un nuevo instrumento.

Empezó utilizando de otra manera los discos que ya existían.

“Recreación editorial de DJ Kool Herc realizando su técnica de breaks en una fiesta del Bronx en 1973.”

La evolución: del gran sonido a muchas escenas

Aquí está quizá el cambio más importante de la década.

En los sesenta todavía podía hablarse de una gran conversación alrededor del rock y el pop. En los setenta, esa conversación se fragmentó.

El rock progresivo buscó estructuras más complejas. El hard rock aumentó el volumen y el espectáculo. El glam convirtió la imagen del artista en parte esencial de la música. El funk hizo del ritmo una protagonista absoluta.

Después llegó el disco.

Nacido principalmente en clubes vinculados a comunidades afroamericanas, latinas y LGBTQ+, el disco pasó progresivamente del circuito de clubes a las listas de popularidad. Su éxito convirtió a la pista de baile en un centro fundamental de la cultura popular.

Pero el triunfo del disco también generó una reacción.

El punk apareció en buena medida como una respuesta a la sofisticación, el gigantismo y las convenciones del rock dominante. En Nueva York y Londres se desarrollaron escenas distintas pero conectadas por una actitud DIY, conciertos pequeños y una voluntad de reducir la distancia entre artista y público.

Y mientras todo esto sucedía, el reggae encontraba una audiencia internacional y la salsa vivía una enorme expansión en Nueva York y el Caribe.

La década no avanzaba en una sola dirección.

Avanzaba en todas.

Los sonidos de la década

Si hubiera que escoger algunos de los movimientos que mejor explican los setenta, la lista podría comenzar así:

Rock progresivo y hard rock: grandes producciones, virtuosismo, álbumes ambiciosos y conciertos cada vez mayores.

Funk y soul: el ritmo, el bajo y la sección rítmica adquirieron un protagonismo extraordinario.

Disco: la pista de baile se convirtió en uno de los grandes centros de la música popular.

Punk: menos virtuosismo, más urgencia; menos espectáculo de estadio, más escena local.

Reggae: Jamaica proyectó internacionalmente una música con raíces propias y una identidad sonora reconocible.

Salsa: la escena latina de Nueva York convirtió múltiples tradiciones caribeñas en una poderosa cultura urbana; la explosión de los años setenta estuvo estrechamente ligada a Fania y a figuras como Celia Cruz, Héctor Lavoe y Willie Colón.

Electrónica: sintetizadores, secuenciadores y nuevas herramientas comenzaron a abrir caminos que desembocarían en buena parte de la música electrónica posterior.

Hip hop: todavía en sus primeros pasos, empezó a transformar el DJ, el break y la palabra hablada en elementos de una nueva cultura musical.

Detrás de la música: el estudio también se convirtió en protagonista

La evolución tecnológica modificó incluso quién podía experimentar.

A comienzos de los setenta, los estudios profesionales ya utilizaban sistemas de 16 y 24 pistas. Esto permitía mantener separados muchos más elementos de una grabación y posponer decisiones que anteriormente tenían que tomarse durante el proceso de registro.

La diferencia parece técnica, pero tuvo consecuencias artísticas.

Un productor podía pensar una canción como una construcción.

Una batería podía grabarse por separado. Las voces podían doblarse. Los teclados podían ocupar sus propios canales. Las guitarras podían modificarse posteriormente. Los arreglos podían hacerse más complejos.

Y hacia el final de la década, la aparición del Portastudio de cuatro pistas llevó parte de esa lógica al terreno doméstico.

La distancia entre “tener una canción” y “poder grabarla” comenzaba a reducirse.

La controversia: cuando el disco se convirtió en enemigo

El éxito del disco llegó a ser tan grande que también provocó una reacción cultural.

El ejemplo más famoso fue Disco Demolition Night, celebrado el 12 de julio de 1979 en el Comiskey Park de Chicago. La promoción invitaba al público a llevar discos de música disco para ser destruidos durante un evento entre partidos de béisbol.

La noche terminó con una invasión del campo y disturbios.

La interpretación histórica del episodio es compleja. La hostilidad contra el disco se mezcló con una reacción contra un género asociado fuertemente con artistas negros, latinos y comunidades LGBTQ+, aunque también participaron factores relacionados con la saturación comercial del género y la reacción de sectores del público rockero. El episodio se convirtió posteriormente en uno de los símbolos más conocidos de la reacción contra el fenómeno disco.

La música, una vez más, estaba diciendo algo sobre la sociedad que la escuchaba.

Y también sobre quién sentía que esa música le pertenecía.

Más allá del centro habitual

Los setenta no fueron solamente Nueva York, Londres y Los Ángeles.

En América Latina, la década estuvo marcada por intercambios intensos entre rock, música popular, tradiciones locales y movimientos como la Nueva Canción y la Nueva Trova. En varios países, las circunstancias políticas hicieron que determinadas canciones adquirieran una dimensión cultural que iba mucho más allá del entretenimiento.

En Brasil, la música popular dialogó con sonidos latinoamericanos mientras artistas como Chico Buarque desarrollaban nuevas formas de canción bajo la dictadura militar. También surgieron mezclas entre samba, funk, rock y otras tradiciones.

En Jamaica, el reggae pasó de ser una expresión local a convertirse en un lenguaje internacional. El éxito de la película y banda sonora de The Harder They Come ayudó especialmente a presentar el reggae a públicos internacionales.

Y en Argentina y otros países latinoamericanos comenzó a consolidarse un rock en español cada vez menos dependiente de la simple imitación de modelos anglosajones.

Mientras tanto, África también desarrollaba escenas fundamentales, con géneros y artistas que dialogaban con funk, jazz, soul y tradiciones locales.

La historia de los setenta, por tanto, no es una carretera que va de Estados Unidos hacia el resto del mundo.

Es una red.

La historia que casi nadie cuenta: el casete estaba preparando otra revolución

Quizá una de las transformaciones menos espectaculares visualmente fue una de las más importantes.

El casete no necesitaba llenar un estadio.

Podía entrar en un automóvil.

Podía grabarse.

Podía copiarse.

Y podía llevar música de un lugar a otro.

Durante los setenta, la mejora de los sistemas de cassette y la aparición de equipos más sofisticados hicieron que la cinta ganara terreno como formato portátil. Al final de la década, los primeros sistemas domésticos de grabación multipista anticipaban la futura cultura del “home recording”.

Años después, esa posibilidad transformaría la manera de hacer demos, distribuir música y construir escenas independientes.

El punk y las escenas underground encontrarían en esa filosofía DIY un aliado natural.

La revolución no siempre llega con una guitarra nueva.

A veces llega en una caja de plástico con dos carretes diminutos.

Lo que esta década dejó

Los años 70 dejaron algo mucho más importante que una colección de canciones famosas.

Dejaron un nuevo mapa musical.

El álbum se consolidó como una forma artística. El estudio adquirió una importancia creativa enorme. El casete hizo la música más portátil y comenzó a acercar la grabación al hogar. Los sintetizadores abrieron caminos electrónicos. El disco convirtió el baile en una poderosa industria cultural. El punk demostró que una escena pequeña podía desafiar al mainstream. El reggae alcanzó una audiencia internacional. La salsa construyó una identidad urbana transnacional. Y en el Bronx comenzó una cultura que transformaría para siempre la relación entre DJ, ritmo y palabra.

Los sesenta habían demostrado que la música podía cambiar la cultura.

Los setenta demostraron algo todavía más extraño:

que ya no hacía falta una sola música para hacerlo.

La década terminó con muchos mundos musicales coexistiendo al mismo tiempo.

Y los ochenta estaban a punto de convertir esa fragmentación en una explosión todavía mayor.

Para profundizar en el tema te invitamos a participar en el Debate: ¿Quién fue el mejor de los años 70? y en la Trivia relacionada.

Fuente recomendada: Smithsonian sobre la fiesta de DJ Kool Herc y los orígenes del hip hop:

Los años 70 no tuvieron un solo sonido: tuvieron demasiados, y precisamente ahí estuvo su revolución.

Experiencia: 😲 Sorprendente

Formato de Consumo: Historia completa

Intención Principal: Evolución

Objeto Principal: Género

Tiempo de lectura: 8 minutos

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